sábado, noviembre 27, 2004

la oposición es solo una facción de la opresión...

El antagonista necesario

En la sociedad del totalitarismo democrático , la simulación y la ilusión forman parte activa de nuestra existencia. Simulación e ilusión de participación en las decisiones que afectan nuestra vida.
Comunicación simulada y virtual, relaciones personales bajo el tamiz de la ilusión, virtualizadas, maquinizadas, o simplemente cortadas por los ritmos del trabajo y la sumisión cotidiana, y así un largo etcétera cuya enumeración preferimos ahorrarnos porque de momento no nos mueva ningún afán masoquista.
En un sistema de alineación y dominio como es la democracia la contestación debe ser de la misma manera ilusoria y simulada. No debe plantar riego alguno para el Estado/Capital que la sustenta. Debe ser por lo tanto en todo momento recuperable.
Alguien, tiempo atrás, planteó el símil de la vacuna: Al igual que un organismo vivo, el Estado/Capital necesita ser periódicamente inoculado con una serie de anticuerpos previamente debilitados, que a modo de vacuna, desempeñen una función preventiva, desarrollando una contestación concebida dentro de las límites democráticos (e inofensivos) de la protesta. El Estado/Capital salva el expediente y muestra su cara amable y permisiva.
El papel de oposición permitida lo desempeñan todo un conjunto de variopintas organizaciones y movimientos (desde partidos políticos hasta congregaciones cristiana, el etcétera sería también fatigoso). En definitiva, toda la izquierda institucional con su función desmovilizadora e integradora en los rediles del sistema.
El Estado no tiene ningún problema en tolerar, e incluso financiar, esta forma de oposición porque en definitiva no supone ningún riesgo para su existencia, al contrario, es una de formas de recuperar y encauzar un posible enfrentamiento.
Cuando la oposición rebasa los límites democráticos, cuando deja de representarse de forma ficticia es denominada con la palabra de moda: Terrorismo.

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